En un papel mojado...

Inventa papel.

Imagina realidad.

Encuentra vida

jueves, 17 de mayo de 2012

Al diablo con la medusa


Y yo, que de tanto mirarte
te convertí en piedra,
y que ingenua
me creí vencedora,
perdí mi rostro
y ahora nadie lo recuerda.
Soy para quien me reconoce
un grito aterrador
que custodia nuestra intimidad.

Esta noche,
que es una y es todas,
vuelvo a someterme
al oscuro ritual
que como creador
me impusiste:
ante vos
me arrodillo,
para que existas;
me lastimo,
para que pruebes mi sangre;
te alimento,
para que me pronuncies alguna palabra,
o quizás me pongas un nombre,
para que así,
yo te pertenezca.

María Verónica Borelli

miércoles, 9 de mayo de 2012

Rincones de cielo


Hay en mi cielo
un rincón sin nombre
es el que te pertenece
y que dejaste.

Hay en tu cielo
un rincón prohibido
es el que me pertenece
y que me negaste.

María Verónica Borelli

sábado, 14 de abril de 2012

Sólo eso

Nada de lo que haga hoy
logrará modificar
el trayecto de la piedra
que ya tiraste
y que espero
descalza
junto a la ventana.

María Verónica Borelli

lunes, 9 de abril de 2012

Sobrinos de Caín (poesía)

Yo no busco hacerte daño
sólo quiero saber que se esconde más allá de tu vida
necesito saber
que tan exacto es el peso de mi mano
cuando en un instante
te deje sin aire.
Quiero saber que se siente
ser dios
pero ser hombre al mismo tiempo.
Quiero sentir sed
y tal vez pedirte agua
pero al mismo tiempo poder
dejarte sin aliento y sin sentido.
No se trata de vos
y tal vez
tampoco de mí,
es la humanidad entera
la que va a encontrarse en ese cuarto.
Seremos nosotros
vos y yo
y todos los hombres
los que van a mirarse
en nuestros ojos
los que van a compartir mi sed
mi otra sed
y a la vez los que van a perder tu aliento,
los que van a quedar sin sentido.
Seremos nosotros
espejo de los hombres
y de los dioses
Seremos todos.
Seremos sólo vos y yo
en este cuarto
en ese minuto.
Yo no busco hacerte daño
pero tal vez
alguien tenga que hacerlo.

María Verónica Borelli

sábado, 7 de abril de 2012

XIX

Mundo perfecto:
juguetes invadiendo
todas mis lágrimas

M. Verónica Borelli

XVIII

La cama muerta
de intentos imposibles
seguís ahí

Verónica Borelli

XVII

En la pared 
hay palabras que sangran.
son tu recuerdo.

María Verónica Borelli

domingo, 1 de abril de 2012

En suspenso (Poesía)

En la aguja mis puntos
esperan
un final, tal vez un principio,
comienza una historia
que te busca
que me quema.
Ovillo un recuerdo
para desenredar tu vuelta
inventando una historia
que justifique tu ausencia
o que por lo menos
deshilache una duda.
Miro por la ventana
y durante la noche
su reflejo me traiciona
entonces tejo cortinas
para ocultar los espejos
porque parece
que la verdad no envejece tanto
como mi pelo negro.

María Verónica Borelli

miércoles, 28 de marzo de 2012

XVI

El mundo sabe
a cocina desierta
cuando no estás

M. Verónica Borelli

XV

Nacen los árboles
sobre las viejas flores
que ayer plantamos


M. Verónica Borelli

XIV



Noche serena
llanto de madrugada
sólo un abrazo

M. Verónica Borelli

XIII

Levantarme y
ver la pava en el fuego
como esperándome


M. Verónica Borelli

XII

En la muralla
un secreto escondido
sigue gritando.


M. Verónica Borelli

miércoles, 29 de febrero de 2012

Predicciones

Tal vez convivan en una mano
pasado, presente y futuro,
pero cuando el puño se cierra...
¿se deja de existir?

María Verónica Borelli

sábado, 11 de febrero de 2012

Así estoy (poesía)

Con todo un mundo 
a cielo abierto
y yo detrás de una computadora
adivinando la estructura
de un lenguaje
que hoy me es 
tan duro como tedioso...
A veces me pasa.


M. Verónica Borelli

domingo, 29 de enero de 2012

Las trabas del tiempo (Poesía)


Con el tiempo trabado
trabado de preguntas
de preguntas que buscan
buscan una espalda
una espalda aburrida
aburrida de recuerdos
de recuerdos dormidos
dormidos o perdidos
perdidos bajo el cansancio
un cansancio que duele
que duele como un tajo
un tajo de látigo
de látigo ajeno
ajeno como el silencio
un silencio que invade
que invade y no llena
no llena las manos
ni las manos ni las caricias...


Caricias sin manos
manos llenas de invasiones
de invasiones silenciosas
silenciosas como los látigos
como los látigos ajenos
ajenos como los tajos
los tajos que más duelen
que duelen de cansancio
de cansancio perdido
perdido o dormido
dormido en el recuerdo
un recuerdo aburrido
aburrido de espaldas
de espaldas que buscan
que buscan respuestas
alguna respuesta
a las trabas del tiempo.

María Verónica Borelli

sábado, 14 de enero de 2012

En su lugar (poesía)

Allá, allá adelante
hay algo que me espera.
Allá, allá está,
pero es tan lejos...

Acá, acá al lado
hay algo que me pertenece.
Acá, acá está,
pero es tan indiferente...

Allá, allá atrás
hay algo que me molesta.
Allá, allá está,
pero es tan íntimo...

 M. Verónica Borelli  

miércoles, 11 de enero de 2012

Incontinencia (relato)


       Dejó que la taza se deslizara húmeda entre sus manos y comprendió que, lentamente, nada volvería a ser igual.
La canilla seguía abierta, completamente ajena a los pedazos de cerámica barata, color amarillo y sin flores, que se separaban en el piso, perdiendo una unidad capaz de contener a un té caliente y de cedrón que se anunciaba listo en una pava que, de tanto gritar, ya casi lloraba sobre el fuego.
Ella entonces, se agachó sin histeria ni asombro, y encaprichada en volver a armar aquella taza, aunque solo fuera con los pedazos más grandes, fingió no escuchar el portazo con el que él denunciaba que se iba.
En la pileta, el agua seguía sucediéndose y en su cabeza corrían mojadas, una y otra vez, las palabras de él: “Me voy, y esta vez es definitivo.” Como si pudiera recomponer algo, mira la cantidad de imposibles espacios vacíos que recorren la taza, asemejándola a un colador inconcluso, y piensa en lo que ella hubiera podido decirle si no le hubieran temblado las manos: “Pero estoy embarazada...”.   
Y sin poder retenerlo, algo en ella comienza a sangrar.  

María Verónica Borelli

miércoles, 4 de enero de 2012

Mañana (Relato)



Hoy llueve, y más que mojar, desparrama una humedad fría y pegajosa que se impregna en un cuerpo tendido sobre las piedras.
Todavía es de día. Y eso no ayuda. Porque alguien, que ha dejado de serlo y que ahora se llama “algo”, no puede esconder su descomposición que empieza a mojarse, diluyendo su sangre a través de una herida de cuchillo que le atraviesa el pecho.
Nada lo oculta. Y la lluvia, con su transparencia, ni siquiera lo lava. Con su humedad, fría y pegajosa, desparrama el rojo que mancha las piedras sobre las que se tiende un cuerpo, seco de lágrimas ajenas.
Ahora empiezan a escucharse las primeras risas hambrientas que se acercan arrastradas por un instinto natural. Vienen de todos lados, algunas atraviesan el aire y otras la tierra, por encima y por debajo.
Todas buscan su lugar en el festín que se sirve sobre las piedras, manchadas por un mantel de sangre, bajo la lluvia, que facilita el reparto, y con la complicidad de un sol, que no se hace cargo y desaparece silencioso para dar lugar al desaforado ritual que no debe verse.
Mañana, cuando amanezca, nada se recordará de un cuerpo manchando las piedras que lo sostienen, con un rojo que escapa de una herida de cuchillo.
Mañana cuando sea de día, nada podrá distinguirse nítidamente, sólo quedará un olor frío y pegajoso invadiendo el aire que nada podrá ocultar mientras sucio se desparrame sobre unos restos, manchados de rojo seco, que se confundirán indiferentes con las piedras.
Y mañana cuando durante el día nada vuelva a ser claro, o tal vez ya nada vuelva a  ser, quizás habrá parado de llover.
      
                                                                 María Verónica Borelli

Azulejos sucios (Poesía)


Un azulejo en la pared
nos refleja en manchas
en agujeros que nos dicen,
nos nombran.

Somos un azulejo en la pared,
uno más del montón.

Sucios. Tristes.

Todos los azulejos son tristes
y la mayoría están sucios.

Soy este azulejo en la pared
que nos refleja en manchas
aunque no nos guste
(aunque no lo veas,
aunque no me veas).


María Verónica Borelli

viernes, 30 de diciembre de 2011

Guerra guionada (poesía)


Grupos gemelos. Geografía grumosa.
Guapos guarecidos gobernando gastados
gritos guturales.
Guerreros grises gateando.
Gestos gallardos.
Góticos gatillos gruñendo.
Gotas granas goteando gruesamente
gente golpeada.
Garganta gimiendo gloria.
Gordos gusanos ganando golosos.
Guardado génesis germina.
Grotesco garabato.



   M. Verónica Borelli
Cuento publicado en "Dar de nuevo"   
Antología del taller literario "El Aleph" 
 Editorial Dunken Bs. As. 2011

Siempre contra las cuerdas (Cuento)


Con las cuerdas marcadas en la cara de tanto caer, una y otra vez, con el cansancio de estar siempre en la lona, siempre en todas las lonas, escucha desde el suelo y el infierno como casi en otro mundo le cuentan hasta diez en la cara, siempre le cuentan hasta diez. Se putea como puede, entre la sangre que escupe y los dientes que tambalean casi tanto como él.
Pero sabe que aunque no gane la pelea, alguna moneda se lleva. Porque alguna moneda tiene que llevar a esa casa donde una mujer rubia, petiza y embarazada lo espera, siempre lo espera, y no sólo ella sino también esos cinco escaloncitos de pelos desordenados y mocos tendidos.
Pero él siempre pierde.
Esa noche después de la pelea se va al bar, solo. Siempre solo. Y copa tras copa se dice “la próxima pelea voy a ganarla, tengo que ganarla, sea como sea”. Se dice entre copa y copa. Entonces vuelve a su casa más golpeado por el alcohol que por la vida (suerte), siempre bien golpeado y se imagina en el rin dándole duro a su rival, pegándole una y otra vez. Una y otra vez sin piedad y sin pausa. Viendo chocar esta vez a su rival contras las cuerdas, cuerdas paredes, cuerdas sillas, cuerdas heladera. El publico gritando su nombre y por fin su rival cayendo a la lona. No él. Su rival cayendo sin resistencia a la lona, lona baldosa. Y entonces esta vez desde arriba y el infierno, siempre desde el infierno empieza contar 1, 2, 3, 4, 5… escaloncitos de pelos desordenados y mocos tendidos que empiezan a desdibujar a un público que no ovaciona su nombre, que no está, cinco escaloncitos que gritan “papá”, que lloran “mamá” 
El mundo comienza a desfigurarse mientras el alcohol cobardemente lo abandona mostrándole desde el suelo una mujer rubia, petiza y embarazada que ya no lo espera, nunca más va a esperarlo.
Y entonces, desde el suelo y el infierno, siempre en el suelo, siente que sólo le queda una cosa por hacer.

   M. Verónica Borelli
Cuento publicado en "Dar de nuevo"   
Antología del taller literario "El Aleph" 
 Editorial Dunken Bs. As. 2011

miércoles, 28 de diciembre de 2011

A poco menos de media cuadra (cuento)


Su hija duerme en la cuna, ella está despierta pero cansada de tanto llorar y deambular sin sentido ni suerte por todos los médicos y abusadores de mala fe que nada le han resuelto. Tiene en sus manos un sobre que definitivamente pondrá punto final a tanto sufrimiento o será la sangría de una nueva angustia que jamás terminará. Quisiera compartir este momento con alguien pero está sola en esta ciudad y en la vida, sólo se tienen la una a la otra y lo único que ella desea en este momento es que eso no deje de ser así.
Cree que ya ha llorado lo suficiente, quiso desahogarse todo lo que pudo antes de abrir el sobre, piensa que así, sin más lágrimas para derramar, podrá soportar con mayor fuerza lo que venga. Ya ha imaginado todos los diagnósticos posibles una y otra vez, ahora sólo queda abrir el sobre con los resultados reales, los definitivos.
Está a punto de abrirlo pero su hija se despierta muy sobresaltada y ella deja el sobre a un costado para tratar de calmarla, pero la bebé está sumamente angustiada, y no para de llorar. Al cabo de un rato sólo parece aliviarla el contacto con el pecho de su mamá. No tiene hambre pero igual chupetea esa porción de madre que le pertenece íntimamente y que le devuelve o regala ese instante eterno de humanidad.
Ahora las dos se han quedado dormidas en el sillón. Ninguna llora pero igualmente la leche que las une sabe a lágrima, a lágrima compartida, a lágrima cansada.
El sobre ha quedado en la mesa y a medio abrir.
La noche pasa tranquila pero a la mañana siguiente cuando ella se despierta siente que le estalla la cabeza por la mala posición en la que ha dormido. Su bebe todavía duerme, siempre duerme hasta tarde.
Ella va hasta al baño se lava un poco la cara pero el dolor casi no la deja incorporarse, sabe que cuando se despierte su pequeña no podrá siquiera alzarla. Por eso decide hacerse una corrida hasta la farmacia que está a poco menos de media cuadra y comprarse algo que le alivie el dolor. Serán 5 minutos y su hija no se despertará. Luego abrirá el sobre.

A poco menos de media cuadra, en frente de la farmacia, un francotirador y un mal tipo hacen negocios. El mal tipo apoya en el escritorio una foto y un sobre con dinero. El francotirador asegura que el trabajo será fácil y pretende agarrar el dinero y la foto pero el mal tipo lo detiene,  le dice que antes quiere una prueba de su eficiencia y lo lleva a la terraza del edificio en el que se encuentran. Una vez allí le indica que deberá pegarle un tiro en la cabeza a la primera persona que salga de la farmacia que está en frente. El sicario acepta la prueba y apunta obediente a la puerta del negocio. Cuando esta se abre, en la mira del francotirador aparece la cara de una mujer a la que aun le duele mucho la cabeza y que ha dejado a su bebe durmiendo en una cuna a poco menos de media cuadra junto a un sobre que aún está sin abrir. 

M. Verónica Borelli

martes, 1 de noviembre de 2011

Casi fue así (Poesía)



Como la pelusa que recorre las hojas a la deriva de mi suspiro
casi a la fuerza, casi de compromiso.
Ellos se escapaban despacio
casi sin ganas, casi con miedo
de un espacio pasado
casi ajeno, casi el mismo.
Y envueltos en un remolino de cenizas mojadas,
casi de lluvia, casi de cansancio.
Se acercaban desde hacía tiempo
casi sin querer, casi sin saberlo.
Se descubrieron llegando uno en el otro
casi sorprendidos, casi cómplices.
Buscaron una excusa que justificara el encuentro
casi incomodo, casi casual.
Llenaron el aire de frases que los disimulara,
casi lo logran, casi se mienten.
Pero las palabras se agotaron en una mirada obvia,
casi nerviosa, casi esperada.
Y entonces se acercaron,
casi de memoria, casi de costumbre.
Detuvieron las huidas, y recordaron sus manos,
casi en silencio, casi inmóviles.
Y dejándolas ser, avanzar
casi con desesperación, casi con ternura
se desdibujaron entre cuellos labiados
casi besados, casi transpirados.
Y ya ninguno quiso irse,
casi a propósito, casi para siempre.

M. Verónica Borelli

jueves, 27 de octubre de 2011

Enumeración después de la lectura (Poesía)




La crudeza de las palabras
cayendo desde todos los fiordos
cayéndonos encima
atravesándonos la vista los oídos
la piel los vacios.

La mutilación de los cuerpos
cubriendo nuestro buen gusto.

Los sexos y las vidas
volviéndose impronunciables
desde su desparpajo.

La negación del nombre
la representación en la sigla
la identidad en el grupo
y debajo de una bandera.

La muerte entre todos
la muerte en pasos
la muerte en una sartén.

Y el choque a cada paso y contra todo
contra todos
contra nosotros
contra las palabras
contra los vacios

“Vacío y punto nodal de todas las fuerzas contrarias en tensión”.


M. Verónica Borelli